Esteban Michel Ramírez*. Economista. Mexico City: Jun 19, 2008
El campo tiene oportunidades para desarrollarse si se aprovecha la coyuntura de altos precios de los granos, situación que puede permanecer en los próximos años. Para ello es importante que los agricultores mejoren sus tecnologías de producción, con uso racional de los recursos agroecológicos.
Las mejoras tecnológicas en cualquiera de las áreas económicas han sido el motor que ha impulsado el desarrollo de los países, aprovechando las condiciones del mercado que demanda productos de mejor calidad y más baratos.
En el campo, la reconversión tecnológica puede ser de mayor impacto que una reconversión productiva si no se tiene un mercado seguro, principalmente si el cambio es de granos a hortalizas.
El Bajío, zona productora de granos, ha ido adoptando tecnologías exitosas como la Labranza de Conservación (L-C), que FIRA (Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura) ha transferido desde hace 20 años, pero la situación de escasez de agua y déficit hídrico que registra Guanajuato, ha hecho necesario impulsar la tecnificación del riego en la producción de granos básicos.
Es por ello que se promueve la utilización del riego por goteo subsuperficial con L-C, cuya combinación es exitosa y al transferirse a los agricultores mejora su competitividad al mismo tiempo que ayuda a solucionar la problemática del agua.
Los resultados obtenidos en el Centro de Desarrollo Tecnológico “Villadiego” con este propósito, han sido sobresalientes; por ejemplo, en el ciclo otoño-invierno 07-08, el costo por tonelada de cebada fue de 1,279 y de 1,672 dólares por tonelada de trigo, lo que representó 37 y 42% respectivamente de los precios unitarios, en comparación con el sistema de producción tradicional que representó más de 60% en ambos casos.
Además de los costos unitarios es necesario eficientar la productividad del agua, si se quiere ser competitivo. Por ejemplo, con el sistema productivo referido se obtuvieron 8 toneladas por hectárea; sin embargo, para producir una tonelada de cebada se requirieron 530 m3 de agua, mientras que el trigo necesitó 1,380 m3, la diferencia la marcó el sistema de riego utilizado en su producción; en cebada se usó riego por goteo y en trigo fue riego rodado, ambos con labranza de conservación.