Posteado por: deyca | Julio 8, 2008

Pronto iniciará operaciones planta de etanol en México

AMEPA 2 de Junio de 2008

El uso de bioetanol se ha incrementado notablemente ya que la producción mundial en 1975 era de dos mil millones de litros y pasó en 2005 a 35 mil millones de litros en los países productores como Estados Unidos y Brasil, según el presidente del Instituto Nacional de Ecología (INE), Adrián Fernández.

La diversificación de la oferta energética y el incremento del uso de energías renovables es conveniente para México por razones estratégicas, económicas y ambientales, y los biocombustibles pueden jugar un papel destacado en ese esfuerzo.

No obstante es importante que su producción y uso se apeguen a estrictos criterios de sustentabilidad, de acuerdo con el Centro de Investigaciones Mario Molina.

En el mundo se producen 13 mil 500 millones de galones de etanol, de los cuales Estados Unidos aporta 39 por ciento derivado de granos y 33 por ciento Brasil de la caña, y el resto China, India, Francia y Rusia, amén de que Centroamérica ha comenzado a producirlo.

En Estados Unidos se produjeron cuatro mil 900 millones de galones en 2006, lo que representó un incremento de 300 por ciento en comparación con 2000, mientras que para 2009 se espera que se produzcan 12 mil millones de galones.

Debido a la importancia de la generación de combustibles más amigables el mes pasado la Cámara de Diputados aprobó la Ley de Bioenergéticos, legislación con la que se consigue un marco jurídico a los proyectos de etanol en México.

En ese caso en el municipio de Navolato, Sinaloa, se está a un paso de abrir la primera planta productora de etanol a base de maíz, que podrá estar lista en junio y que tendrá una capacidad nominal de 30 millones de galones de ese biocombustible al año.

En esa planta generadora no se elaborará solamente biocombustible, sino que se tiene la capacidad para 100 mil toneladas de pasta de maíz.

La planta podrá producir el etanol con maíz o sorgo, tendrá un requerimiento de materia prima de 260 mil toneladas al año, y el combustible será exportado sobre todo a California y Arizona, en Estados Unidos, y la pasta de maíz a Sinaloa y Sonora.

Para la pasta de maíz se tiene un área de influencia de producción pecuaria de 320 mil cabezas de ganado bovino, 2.4 millones de cerdos y 64 millones de pollos.

Esa planta tiene una inversión de 60 millones de dólares y se espera que genere en divisas y derrama económica del orden de los 100 millones de dólares anuales, según datos de la empresa que operará la planta.
Por otra parte, según el documento “Externalidades asociadas a la producción y uso de bioetanol”, del presidente del INE, en general el uso de oxigenantes en la gasolina reduce entre 10 y 13 por ciento las emisiones de monóxido de carbono y de hidrocarburos.

Sin embargo la generación de biocombustibles, explicó Adrián Fernández, puede tener implicaciones para la seguridad alimentaria, por lo que se deben evaluar las interacciones clave entre la producción de combustibles líquidos y la seguridad alimentaria.

Lo anterior porque la disponibilidad de alimentos puede modificarse en la medida que la tierra, el agua u otros recursos para la producción se desvíen, además de que la accesibilidad puede variar si la producción de biocombustibles incrementa el precio de cultivos como el maíz.

Para el Centro Mario Molina, diversificar la oferta energética y aumentar el uso de energías renovables es conveniente para México por razones estratégicas, económicas y ambientales, y los biocombustibles pueden jugar un papel destacado en ello pero es importante que su producción y uso se apeguen a estrictos criterios de sustentabilidad.

Usando bien los biocombustibles México puede contribuir a resolver los problemas globales y jugar un papel de liderazgo demostrando el uso responsable de sus recursos, planteó.

En este país, para que el uso de biocombustibles sea benéfico para la sociedad y el ambiente es necesario garantizar que se reduzca la emisión neta de gases de efecto invernadero, que se contribuya al bienestar económico y que no se requieran de cuantiosos subsidios.

Asimismo se debe cuidar que la generación de esos combustibles no compita con la producción de alimentos o afecte negativamente a sus mercados y que no impacte indebidamente a la calidad del aire, el agua y el suelo.

Los biocombustibles no deben afectar la biodiversidad, ni contribuir a la deforestación, ni conllevar al uso excesivo de fertilizantes y pesticidas que dañen a los ecosistemas, así como no degradar o agotar recursos naturales esenciales como el agua y los suelos fértiles.


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